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NACER Y CRIAR EN TIEMPOS DE PANDEMIA: Primeras Observaciones

Por Patricia Singer

                
 En el año 2020 el Sars CoV-2 nos invadió y amenazó nuestras vidas. Si bien han pasado dos años desde su inicio, aún se hace difícil hablar de él en pasado, aunque un horizonte diferente se avizora.

En los momentos iniciales de la pandemia, el desborde y la confusión mental se apoderó de nosotros junto con la angustia frente a lo desconocido y las muertes masivas sobre todo de gente adulta y mayores de edad, que se viralizaban a través de las redes.

Los aislamientos, usos de máscaras, tapabocas, sistemas de desinfección pasaron a ser medidas estrictas de protección. Las fronteras entre los ritos obsesivos y las medidas de cuidado se desdibujaron y conjugaron. Sistemas economicos, políticos, sociales y de salud se vieron saturados y familias enteras sacudidas por sus efectos. 

A nivel mundial se calcula un promedio de 6 millones de personas que fallecieron a causa del virus y sus complicaciones.

Los diferentes grupos etarios fueron golpeados en sus necesidades más básicas.

En este sentido quisiera detenerme a pensar en los bebés y el proceso de parentalidad en tiempos de pandemia. 

El bebé en su estado de indefensión necesita del ambiente maternante para devenir sujeto psíquico. Es una necesidad vital para el recién nacido que haya otro disponible emocionalmente para cuidar y proteger tanto de los empujes pulsionales como de los provenientes de la realidad externa, que se presentan inicialmente de manera caótica.  

El bebé recién nacido, necesita de un tipo de atención sensible y libidinal para mitigar la angustia de desamparo, e ir conformando los soportes narcisistas para sentirse vivo y devenir sujeto.

Un niño que puede decir «yo soy…» ha transitado un largo proceso, su «ser yo» resulta de un arduo «trabajo psíquico» que da cuenta de una interrelación amplia, compleja y dinámica entre el niño y sus padres, donde entrarán a relacionarse “aspectos de la maduración neurofisiológica, deseos, vivencias, acontecimientos, fantasías gestadas en la interrelación entre del niño con su medio” (Gil D., 1)

El nacimiento y la llegada de un niño a su medio familiar provoca siempre una conmoción emocional. Winnicott fue de los pioneros en subrayar la preocupación materna primaria, tan necesaria en los primeros tiempos del bebé, para alcanzar ese estado de sensibilidad acrecentada que le permite adaptarse al objeto a las necesidades del bebé. 

En la actualidad encontramos distintas configuraciones familiares: familia nuclear, monoparental, homoparental, ensamblada junto a distintas maneras de ejercer la parentalidad, lo que nos llevaría quizas a ampliar el concepto hacia la “preocupaciónn parental primaria”.

En tiempos de pandemia, vale la pena preguntarse por las diferentes vicisitudes en las que estos procesos tanto de parentalidad como de estructuración psíquica temprana fueron afectados. 

El aislamiento y distancia social que impuso la pandemia ha limitado las redes de apoyo tan importantes para quienes llevan adelante la tarea de darle vida a un bebé. La ausencia de ayuda y contención ha fragilizado la fertilidad psíquica parental dando lugar a padres desbordados y angustiados por el trabajo doméstico, laboral y-o por la amenaza o pérdida de fuente de trabajo. 

La organización familiar se vio afectada, trabajo y escuelas invadieron las casas. El corte y separación en aquella rutina diaria en la que el padre-madre salía a trabajar, como un ejercicio de presencia-ausencia, se vio afectado por una hiper presencia parental-laboral, la cual no siempre estuvo acompañada de la “maleabilidad lúdica emocional” necesaria para el encuentro madre- bebé. 

¿Qué nuevos fantasmas se agregaron a la cuna del bebé?

El pánico a la enfermedad, la presencia de múltiples duelos, las angustias por las crisis vividas y cambios abruptos sin mediar transiciones, pasaron a ser integrantes del entorno social- maternante pandémico actual.

El bebé que nació en estos tiempos se encontró con rostros preocupados, temerosos, en ocasiones parcialmente tapados por el uso del tapabocas, algo inusual en nuestra cultura, con ritos obsesivos, aromas impregnados de alcohol y desinfectantes, entre otras variables a considerar. El bebé como “buen meteorólogo está expuesto a diferentes tormentas emocionales, debe luchar con sus propios impulsos y con sus propias angustias y depende absolutamente de los avatares de quien lo toma como objeto de cuidado” (V. Guerra)3 

Siendo un psiquismo en ciernes, la tensión emocional que pueden vivir los adultos referentes atraviesa la frontera del cuerpo de los bebés y nos deja pensando en cómo estas marcas dejan trazas en el paisaje subjetivo. Recordemos que el infans, quien alude en lo literal a su ausencia de lenguaje, abunda en su lenguaje no verbal, gestual, mímico, corporal, balbuceante. El bebé habla con su mirada, con su tonicidad corporal, con sus gestos, con sus movimientos, o en su versión preocupante nos llama con su ausencia. Se necesita de un partenaire activo, sensible para acoger y decodificar de sentidos sus gestos espontáneos.

Durante la pandemia, los hogares estuvieron saturados de pantallas, las cuales se convirtieron en vehículos imprescindibles para sostener múltiples tareas. Cuentan algunas madres que de manera simultánea trabajaban y amamantaban a su bebé, otros padres que el bebé se “entretenía” con las luces de la computadora y esto les permitía trabajar. 

El uso excesivo de dispositivos electrónicos por parte de niños pequeños viene siendo una preocupación, sobre todo cuando funcionan a modo de “chupetes electrónicos”, convirtiéndose en otro tipo de virus que amenaza el “circuito lúdico subjetivante” necesario para devenir sujeto. El adulto prendido a las pantallas pierde también la sensibilidad necesaria, retraído en su función de espejo y traductor de los gestos que el bebé expresa.  

El bebé necesita que el otro -madre- padre le preste sus pensamientos e interprete sus actos, sus gestos, sus posturas, sus mímicas, su llanto. La interpretación parental es necesaria, aunque represente una violencia hecha al niño, como lo dice Piera Aulagnier; es una violencia estructurante.

La ausencia de envolturas y pensamientos deja librado al bebé y al niño a la presencia desbordante de lo pulsional. La función continente del mundo externo se presentó limitada. Las familias se nuclearon hacia dentro de los hogares. Para algunos niños fue una gran oportunidad de tener a ambos padres juntos en su casa, pero para otros fue fuente de mucha desorganización.

En la re apertura actual de los centros de educaciónn inicial, se están recibiendo familias y niños nacidos en pandemia, acuñados como “cuarentenials” o “bebés de pandemia”. Se los observan ávidos de salir, entusiasmados con el encuentro con pares, como experiencia inédita. Los ensayos previos de separación con sus referentes fueron muy limitados, así como la transición entre el espacio doméstico y el espacio compartido. Perdidas objetales que a la vez constituyen empujes hacia el desarrollo individual, como lo es el destete y el control de esfínteres, se han visto trastocados y demorados.

De manera cautelosa, actualmente estamos observando niños de entre dos y cinco años con mucha dificultad con los tiempos de espera, en la regulación de sus impulsos, con dificultades para socializar con otros niños, escasa posibilidad de manejarse en espacios reglados. Relatan las maestras observar niños demandantes, omnipotentes, con dificultades en aceptar las pequeñas frustraciones, esperas y renuncias de la vida diaria. Bajo la mirada que otorga la clínica psicoanalítica, se observan niños con una configuración narcisista frágil, escaso juego simbólico y narrativa verbal empobrecida, ansiedad de separación, desarrollando defensas del espectro autístico.

Por lo tanto, hoy en día nos atañe como psicoanalistas estar muy atentos a estos procesos tempranos de subjetivación, entendiendo que la constitución psíquica del bebé se encuentra íntimamente vinculada y dependiente del encuentro con el otro humano, es decir de un encuentro intersubjetivo que deviene intrapsíquico.

La pandemia con su consiguiente impacto psíquico y la postpandemia, deja y traerá un sinnúmero de interrogantes sobre la cualidad de estos encuentros intersubjetivo, los fantasmas inconscientes y los mensajes enigmáticos que circulan en la díada y como se irán inscribiendo en las redes afectivas y representacionales del devenir subjetivo.
 
Lic Patricia Singer
Psicoanalista, Asociación Psicoanalítica del Uruguay
Diplomatura en Clínica de la Perinatalidad y Trastornos de Vínculos Tempranos, Udelar-Ulbra-Aix en Provence
Co coordinadora Laboratorio Niños de Apu.  
Miembro de COCAP, América Latina




Gil, Daniel. (1). El yo y la identificación primaria. En El yo herido, escritos en torno al yo y al narcisismo. Montevideo: Trilce.
Fraiberg, Selma, Adelson, Edna y Shapiro, Vivian. 2. “Ghosts in the Nursery: A Psychoanalytic Approach to the Problems of Impaired Infant-Mother Relationships.” Journal of American Academy of Child Psychiatry, 1975(14): 3-387
Guerra, Victor:((3) “Alegato por el desamor de la cuidadora” Trabajo inédito presentado en la VIII Semana del Bebé, Canela Brasil.

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